Lo comenté el otro día: me he convertido definitivamente al ciclismo urbano, en una auténtico bicioso.
Ayer estuve haciendo unas pruebas para elegir la mejor vía para acceder a mi centro de trabajo. La sensación cuando circulas por la carretera, compartiendo esa vía con los automóviles es de que te estás jugando el pellejo, por lo que hay que intentar evitarla en lo posible utilizando otros recorridos alternativos que no molesten a los peatones.
Dado que el carril-bici no es algo que interese en mi ciudad , a pesar de las promesas que cada año nos hacen nuestras autoridades locales se hace necesario una labor educativa conjunta para, por un lado, concienciar a los automovilistas para que respeten a las frágiles bicicletas, y por otro lado, a los ciclistas para que sepan cómo circular por vías urbanas, y evitar conductas indeseables. Es tan sencillo como seguir una serie de normas lógicas.
Llama la atención que los organizadores de Semana Europea de la Movilidad hayan propuesto un lema tan audaz como: “La ciudad sin mi carril-bici“, cuando en cientos de ciudades de la UE, ni siquiera sabemos de qué se trata.
A pesar de los inconvenientes algunos centros educativos siguen apostando por este tipo de transporte, pero hay mucho camino por recorrer…mientras tanto:
- Favorezcamos la Educación Ambiental
- Intentemos incrementar la masa crítica de los ciclistas
- Busquemos asociaciones que estén luchando para implantar un transporte sostenible en nuestras ciudades
- Procuremos revindicar siempre que nos sea posible el uso de la bicicleta (o el derecho de los peatones) en todos los ámbitos
- Presionemos a nuestras autoridades con acciones pacíficas y reivindicativas






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