“A todos nos gusta el buscador Google, pero Google ha dejado desde hace tiempo de ser un mero buscador. Con sus distintos seervicios, sea Google earth, Google Docs o Google mail, la empresa de Larry Page, Sergey Brin y Eric Schmidt se ha convertido en una potencia mundial incontrolable en internet. Google es un lobo con oiel de cordero, un monopolista, el mayor recopilador de datos del mundo, propietario de decenas de patentes de métodos que podrían derivarse de la industria del espionaje. Ya dede hace años, los usuarios de Google son analizados y clasificados. La supremacia en el mercado de Google es peligrosa en una sociedad del conocimiento: hace posible la censura política, tal y como se practica ya en China, facilita el espionaje de la esfera privada y no admite crítica ni competencia”.
Así reza la contraportada del libro El engaño Google: Una potencia mundial incontrolada en Internet, de Gerald Reischl, de lectura absolutamente recomendable.
De pequeños nos decían nuestros mayores que no aceptaramos nunca regalos ni caramelos de desconocidos sin embargo Google se ha convertido en parte de la familia y cada día nos sorprende con nuevos regalos en forma de servicios gratuitos, prestaciones de la Web 2.0 y aplicaciones de útima generación a las que no oponemos resistencia. ¿Quién se puede resistir si son gratis y encima funcionan estupendamente?.
En el mundo de la educación estamos sufriendo la misma abducción, no hay más que pasarse por los cursos TIC que se organizan en los centros de profesores y las propuestas de los docentes donde parece que hemos caido rendidos a los pies del gigante the Mountain View donde cada una de las propuestas que salen de Googleplex viene como agua de mayo a los sufridos profesores y buscamos utilidades educativas para los mismos.
De esta forma, el profesorado pone en bandeja que una empresa privada empiece a formar parte de la vida de nuestros alumnos… todo cool, todo gratis, todo Flower Power, pero os confieso que cada vez que abro mi cuenta de Gmail me acojono: ¿Quién me está mirando? ¿Para qué me mira?
Quizá sea tiempo de plantearnos que no deseamos caramelos de desconocidos.


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