
En el último número de la revista Ciclos (¡Ay, cuánto sufrimos con la querida revista!), sale un editorial inquitante:
"La educación ambiental es cosa rara. En los últimos meses ha estado de viaje…de entradas y salidas. Ha entrado (¡sería interesante saber por qué puerta?) en algún estatuto de autonomía de forma que se ha convertido en una obligación de primer orden, que asume la correspondiente administración regional. Pero la misma adminstración que ha creído necesario dotar a la educación ambiental de ese reconocimiento social y político, decide simultáneamente rebajar la consideración administrativa de la educación ambiental al hacer desaparecer la Dirección General de Educación Ambiental y Sostenibilidad, y rebajar su consideración, suponemos, a jefatura de servicio. Será mezclar churras con merinas, sin duda y no tendrá nada que ver una cosa con la otra. Y seguro que la consideración política de una acción de gobierno no se tiene porqué medir por el título del rango administrativo correspondiente (sería como pensar, valgamediós, que ahora con la última reforma ministerial del medio ambiente no tiene la misma relevancia para nuestro presidente de gobierno…¿o es que es así?). Pero choca la coincidencia de ambas noticias. Quizá lo que quiere decir…es que efectivamente no quiere decir nada; que la educación ambiental sigue estando en el sitio marginal de siempre, y que se sitúa al albur de otros acontecimientos políticos que son los que marcan el devenir."
En este sentido, la Asociación para la Interpretación del Patrimonio nos pone en alerta….estaremos atentos, y seguiremos trabajando.
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