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 | Funcionamiento |
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Desde un punto de vista termodinámico, los ecosistemas, como los organismos, son sistemas alejados del equilibrio que se autoorganizan a costa de provocar incrementos en los niveles de desorden o entropía en el medio que los rodea. Es decir, bombean continuamente energía de este medio y la disipan en formas no aprovechables ( calor, gases, etc). Sin esta entrada continua de energía, no podrían aumentar su orden interno. Por eso se consideran estructuras disipativas. Aunque funcionamiento o funciones son términos muy poco específicos, que se pueden emplear para referirse a otros aspectos de los sistemas urbanos, nos referimos aquí al funcionamiento ecológico, es decir, esencialmente al metabolismo del ecosistema urbano, caracterizado por:
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Ser incapaz de producir todo el alimento que consumen sus habitantes, y que, por tanto, se alimenta de productos importados de otros territorios, lo que no quiere decir que la agricultura en algunas zonas urbanas sea menospreciable, pero ninguna llega a la autosuficiencia, siendo así que tiene que importar alimentos, pero también agua, materias primas, energía y muchos productos manufacturados.
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En la producción de todo lo que la ciudad debe importar tienen lugar algunos procesos que pueden provocar impactos sobre el entorno en el lugar de producción (construcción de embalses, por ejemplo). En el transporte desde los lugares de producción también tienen lugar impactos ambientales (autopistas, ferrocarriles, que fragmentan el territorio y provocan contaminación ambiental).
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La ciudad produce residuos sólidos, líquidos y gaseosos y productos manufacturados, que se depositan, se vierten o eliminan fuera de la ciudad, provocando nuevos impactos en el entorno. El conjunto de entradas materiales y energéticas, procesos internos de transformación de estos materiales y energía, y salidas de los mismos constituye, por tanto el metabolismo material y energético de la ciudad.
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