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 | Propagación del sonido |
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La propagación del sonido en el aire depende principalmente del tipo de fuente de ruido, de la distribución en el espacio y de la topografía (existencia de vallas, muros, barreras vegetales, etc.) así como de las condiciones de la atmósfera (dirección del viento y estabilidad atmosférica) en la que se realiza la propagación.
En general, la intensidad del sonido disminuye al alejarnos de la fuente, debido a la dispersión de la energía en el espacio y a la atenuación que sufre el sonido en el aire, función a su vez de la temperatura y de la humedad atmosférica.
Los muros, vallas, etc., actúan como barreras en la propagación del sonido. Parte de la energía de la onda sonora incidente se refleja al medio de donde procede, otra parte es absorbida por la barrera y una mínima parte, logra atravesar la barrera y transmitirse al medio existente al otro lado de la barrera.
La velocidad del sonido (340 metros/segundo, aprox) aumenta con la temperatura del aire, por lo que cuando ésta aumente con la altura (inversión térmica), los frentes de onda sonora en la parte superior irán más rápidos que los de la inferior, inclinándose hacia el suelo y llegando a cubrir toda la superficie del terreno.
Por el contrario, si la temperatura del aire disminuye con la altura, los frentes de onda se elevan, existiendo un límite que toca el suelo y que se define una zona denominada de sombra, donde la propagación del sonido está muy atenuada.
Un efecto similar produce el viento, creando una zona de sombra en el lado desde el que sopla.
La humedad relativa del aire también afecta a la atenuación del sonido. En general, la atenuación del sonido es menor cuanto mayor es la humedad atmosférica. Por esto, los días de niebla los niveles de ruido son mucho mayores que los días despejados.
A partir del estudio de todos estos factores y de los focos de emisión se pueden realizar proyectos de apantallamiento e insonorización.
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