El caso simulado.
Los casos simulados plantean una polémica verosímil de carácter tecnocientífico, entre varios actores sociales con diversos perfiles e intereses. Los estudiantes, por grupos, deberán involucrarse en calidad de esos actores sociales y, desde tales puntos de vista, documentarse sobre la polémica, con el doble fin de presentar un informe justificado de su postura y, también, participar en un debate con los demás actores que permita encontrar una solución, lo más consensuada posible y que cierre la polémica.
Objetivo
Propiciar el aprendizaje de la participación pública a partir de controversias valorativas en el aula orientadas a temas relevantes en la educación en tecnología, bajo el enfoque en Ciencia, Tecnología y Sociedad.
Metodología
Un caso simulado, o simulación CTS, incluye varios tipos de materiales:
• Una noticia, ficticia pero verosímil, que se presenta a los estudiantes en el formato de un periódico real, y de la que se parte para el desarrollo de la polémica que se trata.
• Un cuestionario inicial y final, que sirve para conocer el grado de información previa de los estudiantes sobre las cuestiones objeto de trabajo y para contrastar su transformación al final del mismo.
• Una red de actores que aparecen como tales en la polémica que la noticia transmite, cuyos perfiles más detallados y sus respectivas posibilidades de informarse sobre el asunto, se presentan en forma de fichas independientes.
• Unos documentos elaborados específicamente para dar apoyo a los argumentos de los actores participantes, relacionando el conocimiento específico del área que el caso trata con la polémica concreta que el caso plantea.
• Unos documentos seleccionados, por su pertinencia y claridad, entre la información científica relevante del campo en el que la polémica se sitúa.
• Materiales didácticos específicos: pautas de elaboración de informes y preparación de exposiciones, fichas de organización y evaluación del trabajo en grupo.
Se usan casos simulados y no casos reales, ya que se considera que éstos últimos son más difíciles de manejar con relación a la numerosa información, frente a las condiciones organizativas limitadas de los tiempos y espacios escolares. Los casos simulados tienen la ventaja de ser pedagógicamente más manejables al fijarse con claridad la naturaleza de la controversia y el papel de los actores participantes. De hecho, temáticamente, los casos simulados que se proponen no son diferentes de los que aparecen en los periódicos, lo que se simula son sólo las condiciones concretas en las que se desarrolla la controversia a fin de hacer viable su tratamiento en el aula.
Un caso simulado sobre una problemática ambiental, o la introducción de una tecnología, sigue un desarrollo didáctico en el que se parte de la lectura de una noticia ficticia en relación con la temática en cuestión (la motivación de los estudiantes aumenta cuando se establece un cierto juego en el que el profesor no indica al principio el carácter falso de la noticia). Tras la presentación del problema se pasa un cuestionario sobre los conocimientos y actitudes iniciales de los estudiantes ante el tema. Dicho cuestionario se volverá a pasar al final para conocer como han evolucionado dichos conocimientos y actitudes al término de la unidad. Luego, por equipos, se asumirán los roles de los diferentes actores implicados en la controversia y, durante unos días los diferentes equipos/actores se documentarán para preparar un informe en favor de su postura.
Tras esos días de trabajo de investigación por equipos se suceden las exposiciones y defensas públicas de los mismos simulando los argumentos que utilizarían los actores reales en una situación verídica en un ejercicio muy próximo al de un juego de roles altamente documentado (de hecho, muchos de los equipos habrán pedido información a grupos realmente existentes que tienen posturas análogas a las que se proponen en la controversia ficticia). Al final se plantea un debate abierto entre todos los estudiantes en el que se intenta llegar a una solución consensuada o negociada. Dicho debate concluye con una reflexión entre todos sobre lo que habría sucedido realmente si el caso se hubiera dado realmente y cómo puede mejorarse el nivel de participación pública en la decisión sobre un tema como el planteado.
Una unidad didáctica con simulaciones, puede tener esta organización:
1º.- Seleccionar el problema: se trata de definir una situación controvertida de naturaleza CTS, es decir, en donde se plantan problemas con relación al desarrollo científico-tecnológico que pueden implicar consecuencias sociales y ambientales, y por consiguiente pueden generar una controversia pública. En la medida de lo posible se intenta que el asunto tenga cierta cercanía con el contexto educativo de los estudiantes.
2º.- Definir la red de actores: Una vez planteado el tema, hay que diseñar las posturas que defenderán los diferentes grupos con valoraciones e intereses enfrentados sobre la propuesta. Aunque cada caso configura su propia red de actores de forma paralela a los existentes en situaciones reales análogas, en la mayoría de los ellos suele haber cuatro tipos de actores sociales que se reproducen en el aula. En primer lugar, aquellos que se ven favorecidos por la propuesta de implantación tecnológica de que se trate y que, por tanto, argumentarán en su defensa (diversos agentes económicos como empresarios, sindicatos o usuarios pueden aparecer en esta posición). En segundo lugar, los actores cuyos intereses o valores se oponen a la propuesta (muchas veces colectivos ecologistas y otras asociaciones ciudadanas, etc.). En tercer lugar, los grupos de expertos tecnocientíficos que aportan asesoramiento en la evaluación de esa tecnología y que muchas veces se desdoblan también en grupos favorables y contrarios. Por último, actores que cumplen una función de mediación en la controversia, bien sea por su capacidad de seguimiento y difusión pública de la misma (por ejemplo, los diversos medios de comunicación) o por tratarse de instancias con responsabilidad pública en la toma de decisiones y que deberían propiciar el debate democrático sobre el tema (por ejemplo, el consejo escolar del centro educativo o la administración pública). No obstante, no todos los casos se configuran como redes de actores que han de adoptar decisiones partiendo de posturas binarias (aceptación o no de la propuesta), en muchas situaciones la disputa entre los actores sociales supone la evaluación y elección entre múltiples proyectos alternativos.
3º.- Elaborar la documentación de la controversia: Aquí se trata de aportar los materiales básicos que fijen los contenidos sobre los que se debatirá y a partir de los cuales cada equipo/actor buscará otras informaciones y argumentos complementarios en favor de sus tesis. La noticia inicial, una ficha guía sobre la postura de cada actor, informes complementarios simulados e informaciones reales sobre el tema de la controversia son algunos de los materiales que se preparan para ser utilizados por los estudiantes. Al diseñar y seleccionar esa documentación se muestra también la diversidad de formatos discursivos en los que se manifiestan las controversias tecnocientíficas: desde los intrincados documentos técnicos muchas veces planteados de forma inaccesible para los profanos, hasta la publicidad y los panfletos más radicales, pasando reportajes de periódicos, direcciones de Internet, artículos de revistas científicas o de divulgación, videos, planos, proyectos, textos legales o artículos de ensayo.
Nunca importa tanto la decisión final que se adopta en cada caso simulado como el nivel de debate público y el contraste racional de informaciones, argumentos y valores que ha podido desarrollarse en el proceso. Al fin y al cabo, la consideración de la educación en valores que anteriormente se ha defendido pretende distanciarse del mero adoctrinamiento y apuesta por la racionalidad dialógica como el mejor instrumento para la dilucidación y toma de decisiones sobre cuestiones que tienen un carácter esencialmente abierto y problemático, y que la educación ambiental debe enfrentar.
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